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COMPOSTELA

La catedral de Santiago participa, tanto en el trazado como en la planta, de una serie de características peculiares dentro del románico de lo que se ha dado en llamar arte de las Peregrinaciones: grandes iglesias o basílicas, con bóveda de cañón sobre arcos perpiaños en la nave central y bóvedas de arista en las laterales; iglesias a las que se incorpora, como elemento arquitectónico revolucionario, la girola. Esta estructura admite a grandes multitudes que deambulan por la iglesia sin entorpecer las funciones litúrgicas de la nave central, y se facilita la circulación para visitar las diversas reliquias situadas en las distintas capillas de la girola. Junto a estas características, aparece el triforio, con sus galerías sobrepuestas a las naves laterales, que circunda toda la catedral. Al menos cinco iglesias se engloban en este conjunto: San Martín de Tours, San Marcial de Limoges, San Sernin de Toulouse, Santa Fe de Conques, y la más perfecta de todas, Santiago de Compostela.

Y tan multitudinaria era la afluencia de peregrinos que hubo de inventarse - como lenitivo del olor de las piadosas muchedumbres - el botafumeiro. El botafumeiro actual (que sustituyó en 1851 al que se llevó Napoleón, de 1544, y labrado en plata) es, ya, sólo elemento decorativo o espectáculo turístico que se puede ver funcionar en las grandes solemnidades y todos los domingos del Año Jubilar. Tiene 1,5 metros de altura y pesa alrededor de 50 kilos. Mediante un juego de cuerdas y poleas, siete hombres (los tiraboleiros) lo hacen oscilar a la manera de un péndulo de uno a otro brazo de la nave Menor (en 1499 salió despedido por la puerta de las Platerías, ante la princesa Catalina de Aragón). Para detenerlo, uno de los tiboleiros salta sobre él. Ya existía en el siglo XIV; igual que existieron otros turibuli magni en las catedrales de Zamora, Ourense y Tui.

Extractos del libro "Curiosidades del Camino de Santiago". Autor.- Juan Ramón Corpas Mauleon. Editorial Edilesa